Tras acompañar a un paciente a la cámara frigorífica para una identificación de cuerpo, Sasha Grey se amorra a la fuente de lactosa del paciente para curarle las penas, exponiéndose a una tremenda empalada trasera que le va a hacer ver las estrellas.
Tras provocar a los reclusos que la agente Britney vigilaba en el cuartelillo, les abre la jaula y empieza el festival. Los presos hacen con la agente lo que quieren: la follan por la boca, la voltean, la destrozan el culo, la revoltean, la empalan con efecto candado, y demás, con un final multisabor que no envidio.
Kayden Kross ha sido denunciada por ejercer de policía de forma ilegal. El agente federal de turno, durante la interrogación, le pone las cosas muy claras sobre la mesa: la cárcel, o un cipote tatuado que la va descuajaringar. Malditas fúrcias, siempre eligen sabiamente. Nota para los que desean tanto hacerse ya el pajote: como no habrá habido tiempo de analizar la imagen a fondo, sugiero se le de un segundo vistazo para dar un poco más de sentido, si cabe, al título.
Alanah Rae se moría por comerle los huevos al capitán del equipo, que tras empapar su jabalina en los labios de esa rubiaza tetuda, embiste ferozmente con su kilo de carne el mejillón de tan bárbara parrillada cárnica.
Jesse Jane hace de líder en el grupo de animadoras de su colegio mayor; el capitán del equipo la ha citado para debatir unos asuntillos, concretamente, ver si su cipote se ajusta bien al tamaño de su boquita de adolescente, así como calcular la profundidad de su chochazo con la herramienta fálica de precisión milimétrica.
La noche en el calabozo pasó lenta, pero esa policía de mirada puerca no me tuvo empalmado largas horas, hasta que se decidió a entrar en mi celda y abrir sus muslos a mi troncho.
Aprovechando que ya no quedan pacientes en la consulta, Aletta Ocean y el médico de la consulta de al lado se ponen a follar como cosacos allí mismo. Las tetorras de esta morenaza no han parado de botar.
Esta enfermera tiene una peculiar forma de oscultar a los residentes del centro en el que trabaja. Su instrumental lleva centenares de años de evolución; no cabe duda de que estamos hablando de su chirimoya. El paciente, en acabar el proceso de observación, abusa salvajemente de ella con su consentimiento, claro.